Oscar Luquin: “un buen negocio es el resultado del esfuerzo y la pasión; no existen grandes secretos”

La Gaceta 16.06.2017

El empresario, que está a punto de concretar dos nuevos proyectos, dijo que las crisis no son excusa para condicionar una inversión. “Mi experiencia me dice que si uno se queda estacionado, de nada servirá lo hecho”, aseguró el hombre de negocios.

Oscar Luquin: “un buen negocio es el resultado del esfuerzo y la pasión; no existen grandes secretos”
ECUACIÓN ÚNICA. Desde su oficina, Oscar Luquin reveló su filosofía a la hora de hacer negocios: “ofrecer buenos productos con la mejor atención posible”.

Un mural en una de las salas de reuniones de la compañía recuerda permanentemente que, pese al paso del tiempo, la empresa conserva los mismos valores. Y los afianza. Más aún cuando sobre sus espaldas tiene una dotación de casi 600 empleados en 44 locales distribuidos en distintas provincias de la Argentina. El legado del fundador se transmite de generación en generación. Hoy en manos de la tercera, que proyecta negocios, tanto tradicionales como también online. Pero siempre con la impronta de aquellos comerciantes que poblaron el microcentro y lo convirtieron en uno de los más grandes del NOA; en el centro de consumo de la región. Oscar Luquin, es uno de esos hombres de negocios que mantuvo su vigencia, pese a los vaivenes políticos y económicos de un país que, cada tanto, se convulsiona. Sin embargo, el hombre de negocios afirma: “para invertir, las crisis no son un condicionante; siempre es una oportunidad para seguir creciendo, más allá de los avatares de la vida”. Y afianza dos nuevos emprendimientos que su compañía ya proyectó: uno en el corazón de la ciudad y otro, en uno de los shopping de Yerba Buena, según confirma durante una entrevista concedida a LA GACETA.

¿Cuál es la clave para que un negocio se mantenga durante tanto tiempo como referente económico, pese a los ciclos económicos?

– Creo que una de las principales es ser anticíclicos en todo momento, en los buenos más para enfrentar los que se asoman como malos. Mi padre (Antonio Luquin), cuando arrancó como empresario, salía de la gerencia de Grimoldi, en 1938, para emprender el propio, una zapatería en Maipú al 100 (se llamó Boston). Y, en aquel entonces, no se tomaba en cuenta lo que era un ciclo económico y sus consecuencias. Solo con trabajo arduo se sostenía, como hicieron otros comerciantes. Y creo que allí surge otra de las claves para sostenerse: ofrecer buenos productos con la mejor atención posible al cliente. No hay grandes secretos. La receta sigue siendo la misma, nada más que adaptada a los nuevos tiempos.

¿Y cómo se sostiene cuando las tormentas financieras o económicas amenazan?

– Creo que, cuando vienen los malos tiempos, el que mejor parado está, el mejor posicionado, la capea más. Ojo que no me refiero solamente a un exceso de finanzas, de ganancias, sino de un cuidado permanente de la empresa. De eso depende sobremanera. Cuando viene un tsunami, la compañía que está mejor cuidada lo aguanta mejor, mientras que las otras están más propensas a la caída. Naturalmente, no todos son los mismos momentos ni los mismos casos. Pero, en general, en el recambio de épocas, arranca con más velocidad el que mejor está. La Argentina es así. Puede pensarse que la conducta natural es que cuando te va bien, no te preocupas por lo que puede acontecer en el futuro. Pero eso puede ser un error de visión, ya que los buenos momentos comerciales deben ser aprovechados para pensar cómo se puede mitigar períodos malos, con el menor impacto posible. Y vuelvo a aquello del legado. Mis hijos (Mariela y Esteban, ambos licenciados en Economía por la UNT) ya tienen una base para hacer negocios. Ahora su objetivo es empujarlo hacia adelante. Mi experiencia me dice que, si uno se queda estacionado, de nada servirá lo hecho.

¿Cuándo es necesario mirar para adelante?

– Tal vez para no cometer algunos mismos errores del pasado. Uno va tomando ideas (experiencias), pero las crisis no son todas iguales. En mi caso, me inclinaría a decir que no hay que mirar tanto para atrás. Sin embargo, uno tiene que habilitar un pequeño espejo retrovisor. Insisto, si uno mira mucho hacia el pasado, puede que se termine perdiendo la perspectiva, la proyección que se quiera dar a un emprendimiento. Siempre hay que proyectarse, aprovechando las relaciones con aliados comerciales estratégicos. Siempre digo que los contactos locales o internacionales apuntalan o estimulan el deseo de crecer comercialmente. Además, contribuyen a no perder posiciones, sabiendo que uno puede estar en la mejor consideración como cliente de firmas importantes.

Así como su padre le dejó un negocio próspero, ¿del mismo modo proyecta esa visión para sus hijos?

– El único legado que le puedo dejar a mis hijos es el trabajo realizado a lo largo de estos años (el grupo empresarial que lidera está próximo a cumplir ocho décadas). Y a eso se le agrega el capital. Uno dice que el que tiene una empresa siempre intenta cuidarla lo mejor posible, pero la decisión de qué hacer con ella, será de los hijos. Nunca los presiono; simplemente los acompaño en las decisiones. Si quieren acelerar (en inversiones o expansión), lo hacen. Si quieren parar, sabré comprenderlo. Trato de tener la mejor influencia posible. Yo quiero que ellos se sientan cómodos en todo lo que hacen y emprenden.

¿Hay algún secreto para sostener un negocio durante muchos años?

– Ser comerciante, empresario o emprendedor es una filosofía de vida. Ante todo, te tiene que gustar lo que haces. Uno lo toma con pasión, pero si piensa un negocio sin esa pasión, sólo para generar una diferencia, generalmente fracasa. Como en cualquier profesión, te tiene que gustar. Por ejemplo, si al fotógrafo no le gusta sacar una foto, no lo hará bien. O si una persona no atiende bien un negocio, seguramente perderá clientes. Hay que sentirse a gusto en lo que uno emprende. Aunque suene una redundancia, el resultado de cualquier emprendimiento es una resultante del esfuerzo más la pasión. No hay grandes secretos. Es sencillo. Hay que ser eficientes en lo que se hace. No solo se trata de vender un poco más que otros. Se trata de tener el precio correcto del producto correcto que busca un público determinado. El cliente es cada vez más exigente.

Pero quien está al frente de un grupo empresario no pierde de vista que es el motor del negocio…

– (… Sonrisas) Mi motor está en punto muerto. Hoy el motor de la compañía son mis hijos; yo los acompaño; no obstante, asumo, conozco y estoy al tanto de todo lo que acontece. Otra hubiera sido mi perspectiva si estuviera solo. En mi caso, tengo a quien dejar la compañía. Mis hijos, insisto, son los motores de ella.

Fuente: La Gaceta