Los cinco mayores peligros para los océanos del mundo

Fecha 07.06.2017 / Autor Brigitte Osterath

El mar cubre dos tercios de nuestro planeta, nos brinda alimento, energía y otros tesoros. Pero sus fantásticos recursos están en peligro de desaparecer. ¿Cuáles son las peores amenazas?

Los cinco mayores peligros para los océanos del mundo
Playa en Sri Lanka.

Montar sobre las olas con una tabla de surf, navegar, pasear por playas desiertas: los seres humanos aman el mar. Pero, a pesar de eso, no lo tratan para nada bien. Aquí les contamos cuáles son los cinco peores peligros que amenazan a los océanos del planeta.

Sobrepesca

Los peces y los mariscos son una fuente sana de alimento. En todo el mundo, sobre todo en los países en vías de desarrollo, muchas personas dependen de esa fuente de proteínas para sobrevivir. Antiguamente, la humanidad solo pescaba lo que la naturaleza podía darle. Pero ese equilibrio ha desaparecido.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2015 se pescaron más de 81 millones de toneladas de pescado y mariscos, un aumento del 1, 7 por ciento en comparación con 2014. En todo el mundo, más del 75 por ciento de las especies con valor comercial están afectadas por la sobrepesca, y más del 50 por ciento de los recursos pesqueros han llegado a su límite máximo de explotación.

Los grandes países pesqueros fueron en 2015 China, Indonesia y EE. UU. Un 80 por ciento del contingente mundial de peces y mariscos ha sido atrapado por 23 países, la mayoría de ellos, industrializados.

La piscicultura fue durante un largo tiempo una solución a este problema. Pero se ha constatado que, en realidad, lo empeora. Paradójicamente, la cría industrial de peces, por ejemplo, en grandes instalaciones llamadas piscifactorías, necesita enormes cantidades de peces y mariscos para alimentar a los peces cautivos. Además, ensucia las aguas debido a los excrementos de los peces y a los medicamentos utilizados para su cría.

Barrera de coral en Indonesia. Barrera de coral en Indonesia.

Lo que podría ayudar en este caso serían cuotas pesqueras rigurosas y un mejor manejo de los recursos pesqueros. Si se los deja descansar, los contingentes de peces pueden recuperarse. Y por supuesto: los consumidores deben tener en cuenta que la conciencia acerca de la cantidad de peces y de las especies que come influyen en que no desaparezcan tan rápidamente.

Acidificación de los mares

Las emisiones de CO2 se han cuadruplicado desde el inicio de la era industrial. Sin embargo, la concentración de CO2 en la atmósfera aumentó solo en un 40 por ciento, ya que los océanos absorben ese gas tóxico, que se disuelve en el agua. De ese modo, el mar frena la velocidad del cambio climático. Pero eso también tiene su precio.

Al disolverse el CO2, se produce ácido carbónico, es decir, que el agua del mar se vuelve ácida porque baja su pH o concentración de hidrógeno. En 1870, el Ph del agua de mar era de 8,2. Actualmente, es de 8,1, y se espera que en 2100 se reduzca hasta 7,7. Eso significa que la cantidad de ácido en el agua habrá aumentado en 2100 en un 150 por ciento. Muchos animales marinos, sobre todo los más pequeños, no podrán sobrevivir.

Un futuro de plomo

Los mares no solo almacenan CO2, sino también calor. Según estimaciones, absorben el 93 por ciento del calor producido por las emisiones de CO2. Eso se traduce en un aumento de la temperatura de las aguas. Entre 1900 y 2008, la temperatura de la superficie marina del planeta aumentó en promedio 0,62 grados centígrados. En algunas zonas del Mar de China, hasta 2,1 grados centígrados. Eso representa un gran problema para los corales, animales que poseen un esqueleto calcáreo, en cuyo interior se anidan algas (protozoos) que viven a base de fotosíntesis. Si el agua es muy caliente, los corales expulsan a sus algas y luego mueren. Ese proceso se llama “decoloración del coral”. Ya un 75 por ciento de la Gran Barrera de Coral de Australia ha desaparecido bajo estas circunstancias. Lo único que podría solucionar a mantener los océanos a una temperatura normal es la reducción de las emisiones de CO2 en todo el mundo. Además, se está investigando cómo criar corales que puedan resistir temperaturas más altas.

Plástico, basura y más plástico

Durante mucho tiempo, los mares del mundo recibieron las incontables toneladas de basura de la navegación, los cruceros turísticos y las ciudades costeras. Y aunque la conciencia de la humanidad acerca de ese gran problema ha mejorado un poco, todavía los océanos siguen recibiendo enormes cantidades de desechos.

Las corrientes marinas llevan consigo cinco remolinos gigantes de millones de piezas de plástico y otros residuos. Miden aproximadamente entre 700.000 y 15 millones de kilómetros cuadrados.

Un 99 por ciento de esos desechos, sin embargo, no son atrapados por las corrientes, sino que van a parar a las costas y ponen en peligro la vida de aves marinas, tortugas de mar y otros animales. Una gran parte de la basura marina se disuelve en micropartículas, que se depositan en el fondo del mar, o sobre el hielo de los mares en el Ártico y en la Antártida.

A eso se suman el nitrato y el fosfato de los criaderos de animales, que desembocan en el mar a través de los ríos y son alimento de algas que luego mueren y son disueltas por las bacterias. Así se reduce el contenido de oxígeno en el mar, formándose “zonas muertas” donde ya nada puede desarrollarse ni crecer.

Otro problema de gran envergadura son los residuos industriales, con los cuales peligrosas sustancias químicas y metales como plomo y mercurio llegan a los océanos, pasando a formar parte, a través de la cadena alimentaria, de la carne de ballenas y tiburones.

Ya hay planes para detener las montañas de basura marina: la fundación holandesa “The Ocean Cleanup” comenzará en 2018 a retirar desechos plásticos del gran remolino en el Pacífico con un equipo especialmente desarrollado para ese fin. Asimismo, se necesitan leyes que frenen el consumo de plástico y el tratamiento de las aguas residuales.

Riqueza marina: el mangano y otros metales

Como si esto fuera poco, a los océanos les espera otro acto de piratería humana. En las profundidades marinas yacen riquezas minerales como el manganeso y las rocas de hierro e hidróxido de manganeso, con los que se pueden realizar aleaciones de metales, usadas, sobre todo, en la producción de acero inoxidable. Según cálculos, hay más de 7.000 millones de toneladas de manganeso en el fondo del mar, más que en la tierra. Muchos países ya presentaron reclamos sobre zonas marinas para poder empezar a explotarlas. Los mares del mundo también albergan otros metales valiosos, como el níquel, el talio y las tierras raras.

La explotación minera submarina podría no solo provocar la mutación de especies, sino poner en grave peligro el sensible ecosistema de los océanos. Lo único que podría detener este desarrollo son prohibiciones generalizadas o, al menos, leyes más estrictas que regulen la minería en el fondo del mar.

Brigitte Osterath (CP/ DZ)

La lucha contra la invasión del plástico

Toneladas de basura plástica
Por lo menos 8 millones de toneladas de plástico van a parar a los océanos del mundo año tras año, de acuerdo con un informe de la Fundación Ellen MacArthur. El informe advierte que la basura plástica sobrepasará en peso a los peces en 2050, a menos que se tomen medidas drásticas. Playas alejadas de la costa como esta, en el Océano Pacífico, también sufren bajo los efectos del plástico.
Alternativas comestibles
La organización de Conservación de los Océanos estima que hay más de 690 especies marinas afectadas por la basura plástica. Para combatirla, empresas como la cervecera Delray Beach, en Florida, EE. UU., crearon como alternativa empaques comestibles de trigo y cebada de desecho de su producción y esperan comenzar a producirlos en octubre de 2016.
Envases biodegradables
Algunas empresas buscan alternativas biodegradables a los envases plásticos de un solo uso que suponen gran parte de la basura que se encuentra en los océanos. En una planta polaca se utiliza salvado de trigo. Según su inventor, Jerzy Wysocki, los envases Biotrem se pueden utilizar en el horno y en el frigorífico. Se degradan en 30 días o se pueden comer.
¿Bambú al rescate?
El bambú también es una alternativa al plástico. Con él pueden fabricarse objetos que van desde cepillos de dientes hasta piezas para computadores, pasando por cortinas de ducha y otros utensilios. La empresa de la imagen, Tonggu Jiangqiao Bamboo & Wood Industry Company, comenzó en 2008 la producción a gran escala de teclados, ratones y revestimientos de monitores de computadoras.
Atrapar basura plástica
Las alternativas pueden ayudar a reducir los desechos, pero aún flotan millones de toneladas de plástico en los océanos de todo el mundo y eso es algo que continuará así durante siglos. La fundación holandesa Ocean Cleanup tiene como objetivo atrapar la basura flotante en un radio de 100 kilómetros sin dañar a los peces ni al resto de criaturas marinas.
Arte a partir de basura
Parte del plástico podría reciclarse o usarse de otra forma. Podría convertirse en un florero, en aislamiento térmico para el hogar o en moda, como hace la empresa española Ecoalf. A partir de desechos plásticos recogidos por 200 pesqueros en el Mediterráneo, Ecoalf crea fibras de poliéster que acaban convertidas en chaquetas, mochilas y otros objetos.
Reducir, reciclar y reutilizar
El plástico puede volver a utilizarse en su forma original. En la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible Río +20, celebrada en 2012, es decir, dos décadas después del primer Día Mundial de los Océanos, se exhibieron en la costa esculturas gigantes de peces hechas con botellas de plástico.
Autor: Martin Kuebler (CP/MS/VT)
Fuente: DW