James Hansen: ‘Trump está violando los derechos constitucionales de los jóvenes de EEUU’

PABLO PARDO Enviado especial Nueva York / 4 jun. 2017

Hansen, que dirigió durante 32 años el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, sabe de lo que habla. En 1981, él fue el primero en publicar un artículo en una revista científica - Science - en el que vaticinaba el cambio climático.

James Hansen: ‘Trump está violando los derechos constitucionales de los jóvenes de EEUU’
James Hansen, en el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia FBBVA

La Carga del Hombre Blanco (The White Man’s Burden) es un poema que Rudyard Kipling escribió en 1899 idealizando el colonialismo británico. Porque esa “carga” es civilizar a los salvajes, ésos que son “mitad niños, mitad salvajes”. Hoy, esa frase se emplea con fines irónicos, porque es un ejemplo de racismo colonial.

Pero, para James Hansen, los salvajes somos nosotros. Por eso está trabajando en un paper científico titulado The Young People’s Burden (La Carga de los Jóvenes). Su tesis es simple: al no actuar – o actuar de forma parcial, dubitativa y limitada – para combatir el cambio climático, la actual generación está, literalmente, dejando en herencia una Tierra mucho más peligrosa a las personas que ahora están en Secundaria y en los primeros años de Universidad. Hansen, que dirigió durante 32 años el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, sabe de lo que habla. En 1981, él fue el primero en publicar un artículo en una revista científica Scienceen el que vaticinaba el cambio climático. En 1988, prestó declaración ante el Congreso de EEUU por la misma razón.

Sus predicciones fueron acusadas de erróneas y politizadas, a pesar de que él no pertenece a ningún partido político, es un firme defensor de la energía nuclear, ha llevado a los tribunales -sin éxito- al Gobierno de Obama, y se ha negado a colaborar con Bill Clinton y Al Gore, a los que califica de “parte del lobby de las renovables”. Pero, desgraciadamente, sus modelos climáticos se han demostrado acertados. Tras su jubilación de la NASA, Hansen, que el 15 de junio recogerá en Madrid junto a Syukuro Manabe el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático, ha pasado a un plano más activista, y está empleando su bagaje científico no ya para definir el problema, sino para tratar de evitar que, literalmente, los territorios en los que vive el 80% de la población mundial empiecen a ser inundados por el mar en 50 años, a medida que la Tierra se calienta y los polos se funden.

¿Cómo valora que Donald Trump haya decidido sacar a EEUU del Acuerdo de París?

Para nosotros, es bueno.

¿Bueno?

Sí, para nuestro caso legal. Porque Trump es un blanco jurídico más grande, más fácil, que Barack Obama. Es más fácil ahora demostrar que el Gobierno de EEUU está haciendo cosas que están violando los derechos constitucionales de la generación más joven. Obama y París eran un truco, un juego de espejos. Sonaban muy bien, pero no tenían sentido. Las fuerzas que provocan el cambio climático se están acelerando. ¡No había cambiado nada! Aunque EEUU está reemplazando el carbón con gas natural que ha extraído por medio de fracking, el cambio es pequeño. Ahora, podemos plantear nuestro caso ante la Justicia de forma mucho más clara y directa, y obligar al Estado a tomar acciones decisivas para abandonar los combustibles fósiles, incluso con un Tribunal Supremo controlado por los conservadores.
Pero usted lleva trabajando en este caso legal desde 2010, y hace cuatro años, el Tribunal de Apelaciones de Washington lo desestimó. ¿Por qué va a tener éxito ahora?
La tesis jurídica es de la profesora Mary Wood, de la Universidad de Oregón: hay cosas que están guardadas en trust, en fideicomiso, por la actual generación para las futuras generaciones. Y una de ellas es el derecho a tener un planeta habitable. La tesis de The Young People’s Burden es que, para la gente que ahora tiene entre 10 y 20 años, no va a ser suficiente con limitar las emisiones de CO2. Si quieren que las costas se queden donde están ahora, van a tener que sacar CO2 de la atmósfera.
¿Por qué?
Por ahora, la actividad humana ha hecho que la temperatura mundial suba un grado, lo que la pone en el nivel del último periodo interglacial, en el que la temperatura de la Tierra era un grado más que en la era preindustrial [la Revolución Industrial empezó en un periodo de enfriamiento global]. En aquel periodo, el nivel del mar era entre seis y nueve metros más alto que ahora. Así que, si dejamos la concentración de CO2 al nivel actual, podemos esperar que el mar suba de seis a nueve metros, aunque en un periodo de tiempo largo. El problema es que seguimos emitiendo CO2, que es responsable del 80% del cambio del clima, y otros gases, como metano y óxido de nitrógeno, que también contribuyen a ese fenómeno. Las temperaturas siguen subiendo. Cuando se elimina el impacto de los cambios en la radiación solar, el aumento es casi lineal, de unas 0,18 décimas de grado centígrado por década.
Un círculo vicioso.
Sí. La Tierra está en desequilibro energético. Se calienta más y más, y eso hace que el mar esté más y más caliente. Y eso hace que los polos se fundan más deprisa. Los jóvenes de hoy van a tener que afrontar un planeta diferente, con mapas diferentes, porque el mar se habrá tragado islas y ciudades. Para ellos, el efecto invernadero no va a ser un motivo de debate, o un incordio que les obligue a cambiar sus planes de esquiar el fin de semana. Va a ser la gran cuestión que defina su vida, simplemente porque el mar estará subiendo de nivel.
Prácticamente todo el mundo – y de forma muy especial las grandes potencias industrializadas o en vías de industrialización, como la UE, Japón, y China – han criticado la decisión de Donald Trump y se han comprometido a cumplir los objetivos de París.
Si EEUU no ejerce su liderazgo, China será la gran esperanza. Pero es una esperanza que probablemente no se materializará, porque China no está limitando su producción de gases que producen el efecto invernadero, sino solo ralentizándola. Eso no basta. China e India deben abandonar el uso del carbón Eso requiere grandes inversiones que no han sido realizadas. Hace falta una coordinación entre EEUU, la UE, y China. Pero una coordinación real, profunda, con un objetivo: abandonar el uso del carbón que es, de lejos, el mayor emisor de CO2 a la atmósfera. El problema es que, mientras no encuentren una fuente de energía más barata, China e India no van a hacerlo.
La práctica totalidad de las grandes empresas de EEUU, incluyendo a las petroleras, y todo Wall Street, se han opuesto de forma total y absoluta a la decisión de Donald Trump
Es curioso. El secretario de Estado [y ex presidente de ExxonMobil, la segunda mayor petrolera privada del mundo] Rex Tillerson llegó casi al mismo tiempo que yo a la conclusión de que un impuestos a las emisiones de carbono a la atmósfera es la mejor opción para combatir el cambio climático. Pero ahí juega un factor económico: ese impuesto sería lo suficientemente alto como para dejar fuera del mercado al carbón, pero no al petróleo ni al gas natural. Lo cual no es tan malo, porque el carbón es el combustible más intensivo en producción de CO2. Pero el objetivo de estas propuestas es eliminar a la competencia.
Usted también propone un impuesto a los combustibles fósiles.
Sí, yo defiendo un impuesto al uso de combustibles fósiles que vaya creciendo progresivamente, y un arancel a la importación de combustibles fósiles. Pero la gran diferencia es que yo pienso que el dinero que se recaude con ese gravamen debería entregarse a los ciudadanos todos los meses o, como mucho, cada trimestre. Se pueden usar sistemas similares a los que se emplean para pagar las pensiones o para hacer la Declaración de la Renta. No es complicado. Pero es importante que los políticos no se queden con ese dinero.
¿Por qué?
Porque los demócratas lo dedicarían a programas sociales. Y los republicanos lo usarían para reducir la presión fiscal, sobre todo en los impuestos que los ricos no quieren pagar. Es importante, además, que los ciudadanos perciban que el impuesto que les aumentaría la factura eléctrica también les daría un cierto beneficio económico. Y que se iguale el terreno de juego. La industria de las renovables depende en buena medida de los subsidios de los Gobiernos, y la de los combustibles fósiles lleva décadas beneficiándose de todo tipo de ayudas y exenciones fiscales. Eso debe acabar. Si se grava a los combustibles fósiles, y se deja que el mercado desarrolle energías limpias, podremos solucionar el problema. Si no, la generación que ahora está en la Universidad tendrá, como le decía antes, que ‘capturar’ carbono de la atmósfera. Y eso ni es barato, ni es factible. Existe esa idea de que la tecnología va a solucionar el problema del cambio climático. Pero hay que darle incentivos a quienes desarrollan la tecnología. El dinero público no sirve para eso, poque sólo define quién gana y quién pierde.